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última actualización 15-3-2009
Diseño de Página y Dueño y Creador de El GuardavÃas (2002 -2010) Gastón Farro
Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender.
Marie Curie
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Una vez habÃa un tipo sentado en la arena comiéndose un cerdo crudo. Lo habÃa cazado el sólo hacÃa unos dÃas y se lo seguÃa comiendo a pesar de la mugre y los bichos.
Casi al mismo tiempo, a pocos metros de ahÃ, habÃa otro tipo que se estaba comiendo unas algas bajo el sol. Estaba tranquilo, feliz y expectante de ver cuál serÃa la próxima increÃble sorpresa que se le develarÃa esa tarde. El planeta era joven y no habÃa terminado de mostrarse a este tipo ni al otro.
De pronto, como si Dios hubiese tenido ganas, se le apareció un animalito entre las piernas. Se levantó de golpe tirando al suelo las algas. El agua del océano habÃa hecho olas cerca suyo.
Estaba sentado en la costa, tranquilo y feliz, pero se tuvo que parar de un salto cuando el pez le rozó los muslos. Lo observó unos segundos y enseguida lo agarró para proceder a estudiarlo mucho más detenidamente.
Horas más tarde, luego de destrozar el pez con unas piedras para dejar a la vista su interior, comenzó a devorarlo con sutilidad.
Mientras intentaba pensar y, luego de un rato, por algún extraño motivo, decidió que lo mejor serÃa ir a buscar otro, incluso varios más, para guardar.
Hizo eso durante el resto de la tarde sin que se cruzase con él ni un cerdo, ni un mamut, ni nada que lo distrajera de su tarea. Pero llegada la noche comenzó a intentar pensar nuevamente y recapacitó. Esto no era un buen plan, no podÃa pasarse el dÃa recolectando comida para la noche, no podÃa perderse el dÃa, su vida no iba a ser muy larga.
Entonces le cayó la idea del cielo, tal vez guiada, tal vez no.
Caminó esa noche hasta el otro tipo –aquel que comÃa un cerdo al principio de esta historia- y se presentó como El de la Idea. Le propuso entonces un intercambio que serÃa ventajoso para ambos, aunque más para él, que era lo que súbitamente comenzaba a interesarle un poco más que cualquier otra cosa.
Lo discutieron largo rato, hasta que por fin el tipo del cerdo, que ahora comÃa un pescado que también habÃa encontrado, entendió lo que su coterráneo le ofrecÃa. Lo desarrolló entonces en su cabeza en forma de idea y decidió que aceptarÃa. Desde ese momento se convirtió en El Ayudante.
A la mañana siguiente El Ayudante amaneció cansado y disgustado. No tenÃa recuerdos de la noche de ayer y, previendo eso, El de la Idea se le acercó rápidamente apenas lo vio abrir los ojos para recordarle su lado del acuerdo.
El Ayudante, medio a desgano, medio entusiasmado, se dirigió a la costa y pasó el dÃa entero a la orilla del mar recolectando peces, algas y todo tipo de alimento. Llegada la noche se dirigió a la cueva donde vivÃa la familia de El de la Idea. Este lo recibió con algo de mala cara –quizás debido a la intrusión hogareña, quizás solo por desprecio- pero enseguida se disculpó con sus hijos y mujeres para retirarse al exterior junto al recién llegado.
El Ayudante entregó entonces su respetable botÃn del dÃa y fue premiado con dos de los catorce pescados que habÃa cazado durante la tarde. Se retiró conforme a su cueva y se los comió.
Veinte minutos más tarde estaba dormido.
El dÃa siguiente fue igual, aunque la pesca fue algo mejor. Esa noche, cuando entregó su botÃn a su dueño recibió tres pescados pero la aclaración también de que no se trataba de un incremento que se regularizarÃa, sino de un premio especial que no se repetirÃa.
Luego de doce dÃas de lo mismo, El de la Idea, conocido ahora entre sus Ayudantes –que ya eran cinco- como El Patrón, decidió que no le gustaba la cara que tenÃan algunos de ellos. Los veÃa muy cansados, sucios y tristes también. Les ofreció un descanso que sà serÃa regularizado y esto puso muy felices a todos que esa jornada la durmieron de principio a fin sin poder aprovecharla para hacer ninguna de las cosas que ya no podÃan hacer el resto de los dÃas.
Luego de algunos meses algunos de los Ayudantes, ahora llamados Recolectores, comenzaron a sentir que el acuerdo del que formaban parte no era suficientemente satisfactorio, o incluso justo. Entonces, una tarde, todos juntos –todos los ayudantes- dejaron de trabajar durante varias horas a manera de protesta.
El castigo fue muy fuerte para algunos pero benificioso para otros. Quince de los treinta y dos recolectores habÃan sido despedidos mientras que la ración de pescado de los que se quedaron fue ligeramente incrementada, logrando asà una satisfacción generalizada.
Pasaron los años y comenzó a ser evidente la falta de organización que habÃa entre los Patrones más destacados de esa zona de la playa.
Eran cinco los que manejaban las mayores cantidades de pescado y algas y todo el mundo estuvo de acuerdo en que, basándose en este hecho, ellos serÃan los más indicados desde todo punto de vista para ocuparse de reorganizar la creciente industria.
Los cambios fueron grandes. Se creó un grupo con los cinco patrones que comenzó a ocuparse de la distribución del pescado para los Recolectores –la paga- y de la utilización de los botines.
Enseguida los cinco patrones principales, asà como quienes formaban parte de sus familias, comenzaron a recibir beneficios demasiado grandes en comparación con la aparente estancada distribución de paga entre los Recolectores.
Se intentó otra huelga pero esta vez no fueron escuchados, solo castigados. Aunque por suerte nadie fue despedido, las raciones semanales de algunos fue rebajada severamente.
Fue entonces cuando los cinco patrones se volvieron a juntar en congreso y decidieron que era hora de empezar a delegar. Ellos no podÃan seguir haciéndose cargo de todos los problemas de la gente de la zona si querÃan tener tiempo para disfrutar su creciente riqueza.
Se llamó entonces a elecciones.
Los candidatos a LÃder Absoluto de Toda la Zona de la Playa y De Quién se Acerque fueron los cinco patrones más ricos y algunos de sus hermanos.
El pueblo voto en cabinas improvisadas entre los árboles y uno de todos los candidatos –da igual- fue elegido democráticamente. Y no era la primera vez que pasaba esto en el mundo. Ellos no lo sabÃan pero similares formas de gobierno se estaban gestando a lo largo de todas las selvas y bosques habitados del planeta.
Estaba naciendo la Civilización Económica.
Aunque todo parecÃa perfecto, habÃa serios problemas en la cuplula dirigencial de LATZPQA, problemas de los que la gente común apenas sospechaba. Se habÃa creado una división sin precedentes entre las cinco familias, una división tan fuerte que llevó a la formación de los primeros bocetos de partidos polÃticos.
Luego de algunos años de relativa paz, durante los cuales siguieron realizándose elecciones democráticas en todos lados, aunque los resultados de las mismas eran cada vez más cuestionados, comenzó a gestarse la idea del gobierno Principal de Todo.
Se pasó de las ideas a los hechos en solo unos meses y entonces un tipo cualquiera que tenÃa mucha más riqueza que cualquier otro tipo, fue elegido como LÃder y Organizador de Todo.
No pasaron ni dos semanas y el Lot ya era la asociación más corrupta nunca imaginada por nadie en toda la historia.
Los Recolectores, ahora llamados Esclavos, ya no percibÃan premios por su trabajo y ya no tenÃan descanso.
Los principales lÃderes zonales, junto con el tipo que lideraba el LOT y su extensÃsima familia, eran ahora poseedores de un 80% de la riqueza conocida de todo el mundo y ya no les importaba nada.
Las guerras entre las casas de poder de cada zona del mundo se volvieron tan frecuentes que varias generaciones enteras no conocieron otra vida.
Un dÃa, cuando ya no quedaban mas esclavos ni peces, el LOT se consumió a si mismo, y lo imitaron todas las casas de poder del resto del mundo.
Y entonces un dÃa ya no habÃa nadie más.
Hulyzez
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