Periodistas inmorales festejan la increíble posibilidad de un cardenal argentino y parecen no recordar lo que se sabía sobre él pocos meses atrás.
“Ellos son la verdadera mafia” dijo Michael Corleone. La Iglesia nos enseña a perdonarlos pero a no estudiarlos, mucho menos cuestionarlos (¿Tampoco entenderlos?). Probablemente el carpintero no estaría de acuerdo.
“No creo en ustedes” dijo una señora esperanzada no dispuesta a aplicar un reglamento a su fe- “solo en Dios”. “No se preocupe” le explicaron- “Dios también nos pertenece, también es nuestra creación”.
¿Acaso cuando se mencionó en el Libro a las imágenes talladas no se intentó abarcar a toda manifestación física que clamase ser Dios? ¿Acaso prohibir los forros no habría sido un paso adelante en la guerra contra el SIDA? ¿Acaso el tácito apoyo a Galtieri y Pinochet no fue una clara muestra de su amor y tolerancia?
Hoy es El quien ocupa las tapas de todas las revistas, y es un héroe, un atleta. Olvidados sus pecados nos preparamos para llorar su vejez simpática, y mientras, algunos otros periodistas inmorales se escandalizan frente a un grupo de jóvenes violentos que decide ajusticiar al indultado ancianito Videla a las trompadas... Lo que pasa es que somos animales, porque sus enseñanzas (las del carpintero) fueron esas: sacarlos a patadas en el culo.
“Mis viejos me trataron para la mierda” dijo Luca Prodan- “¿Por qué los voy a perdonar, porque son viejitos? Que se vayan a la concha de su madre”
Gastón Farro, 6 de abril de 2005.