Imaginemos Imaginen la muerte de un rey, imaginen la llegada de su sucesor: un hombre dispuesto a llevar a cabo aquello que, supuestamente, define a su reino. Imaginen que va demasiado lejos, imaginen un asesinato tan evidente para el mundo pero sin castigo, sin reproches. El reino sigue igual pero aquel que quiso rebelarse, investigar, tirar abajo los techos de oro para alimentar al menos a un pequeño país africano, tendrá un sucesor diferente: uno de ideas progresistas, incansable luchador y viajante; aliado de la CIA y de Reagan en la lucha contra el comunismo; actor de alma y un político increíble; cauto defensor de la moral y, por qué no, de la inquisición. No seguirá las investigaciones de su desafortunado predecesor pero sí recordará pedirle perdón a Galileo porque, al final, tenía razón. (Aquellos que sean oprimidos por dictaduras latinoamericanas varias pueden esperar).

Periodistas inmorales festejan la increíble posibilidad de un cardenal argentino y parecen no recordar lo que se sabía sobre él pocos meses atrás.

“Ellos son la verdadera mafia” dijo Michael Corleone. La Iglesia nos enseña a perdonarlos pero a no estudiarlos, mucho menos cuestionarlos (¿Tampoco entenderlos?). Probablemente el carpintero no estaría de acuerdo.

“No creo en ustedes” dijo una señora esperanzada no dispuesta a aplicar un reglamento a su fe- “solo en Dios”. “No se preocupe” le explicaron- “Dios también nos pertenece, también es nuestra creación”.

¿Acaso cuando se mencionó en el Libro a las imágenes talladas no se intentó abarcar a toda manifestación física que clamase ser Dios? ¿Acaso prohibir los forros no habría sido un paso adelante en la guerra contra el SIDA? ¿Acaso el tácito apoyo a Galtieri y Pinochet no fue una clara muestra de su amor y tolerancia?

Hoy es El quien ocupa las tapas de todas las revistas, y es un héroe, un atleta. Olvidados sus pecados nos preparamos para llorar su vejez simpática, y mientras, algunos otros periodistas inmorales se escandalizan frente a un grupo de jóvenes violentos que decide ajusticiar al indultado ancianito Videla a las trompadas... Lo que pasa es que somos animales, porque sus enseñanzas (las del carpintero) fueron esas: sacarlos a patadas en el culo.

“Mis viejos me trataron para la mierda” dijo Luca Prodan- “¿Por qué los voy a perdonar, porque son viejitos? Que se vayan a la concha de su madre”

Gastón Farro, 6 de abril de 2005.


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