Lo Importante es Ser Original Hacía ya mucho tiempo, él había decidido ser escritor y director de cine. Aun era adolescente cuando le dijeron que para escribir bien se necesitaba haber vivido algo que valiera la pena escribir. Está bien, de acuerdo, pensó. ¿Por qué no? Tenia sentido. Pero le dijeron otra cosa además: que para hacer cine se necesitaba haber visto todo el cine que se hubiera hecho hasta el momento (esto tal vez haya sido una exageración pero él no lo vio de esa forma). Entonces pues, dedicó su tiempo y esfuerzo a eso.

Cine. Debía verlo, conocerlo, adaptarse a él, a todos sus tiempos, estilos, maneras, formas. Debía respirarlo. Debía empezar.

YA.

Cuando uno decide que hacer con su vida, se siente la necesidad de compartir ese conocimiento con alguien que entienda, que sepa apreciar la importancia del viaje que se esta a punto de empezar.

Él fue con su madre. Le detalló todo cuanto tenía decidido. Ella lo escuchó con atención. Pero no dijo nada (al menos no de inmediato). Lo que sí hizo, fue dejar escapar una risita por entre sus dientes. Inmediatamente se dio cuenta de que había sido un error. ¿Cómo iba a reírse de los sueños de su hijo?

Él se sintió frustrado; no tanto en ese momento, pero al quedarse sólo con su mente desde ese punto en adelante, una y otra vez volvía a ver a su madre riéndose de él. Una, y otra y otra vez.

No importa. Yo lo creo. Esto es puro. Es algo bueno. Tengo que empezar ya.

Una vez que puso manos a la obra, estuvo días, semanas, meses (y así como un suspiro, años) buscando en los reductos más recónditos de la ciudad por las obras de los directores más respetados de todas las nacionalidades que pudiera encontrar.

Buscó horas en internet, compró revistas importadas y libros especializados que le costaron (bueno, en rigor le costaron a sus padres y abuelas) un buen billetín.

Todos los géneros pasaron por su mirada, que todo lo escrutaba, todo analizaba, aun cuando no sabía bien qué y cómo analizar. Leyó al respecto para utilizar el análisis y visión de otros para encontrar los suyos.

Al principio se le ocurrió que aprender se aprende aprendiendo. Tal vez esa frase tuviera más sentido e importancia que todos los consejos que recibió a lo largo de ese camino que eligió. Algunos trataban de disuadirlo de su búsqueda, otros volvían a encaminarlo. Los que sabían del tema se deshacían en elogios con respecto a los clásicos (pese a que para algunos ciertas películas entraban en esa categoría mientras que otros los desmentían, de todas maneras había muchas que aparecían en todos los listados que encontró y eso lo ayudó a no desquiciarse buscando una absoluta verdad con respecto a cuales eran al final los benditos clásicos).

Al principio le costó entender, pero era esperable. Por eso se busca el consejo de aquellos que poseen el conocimiento al que uno aspira. Los buscó en escuelas, cursos. También se contactó con los columnistas de sus revistas preferidas; y gracias a internet pudo relacionarse con las personas que hacían, que creaban lo que él veía. Les pidió que le recomendaran lo mejor de todos los tiempos pero nada que fuera demasiado críptico o atípico ya que como recién estaba empezando quizás

(quizás no, seguro)

no pudiera comprenderlo.

"Muy bien pensado" fue la respuesta unánime que recibió sobre eso. Tenía que ver. Tenía que conocer. Y de ahí, de la maduración de su mente, de su visión, saldría la idea (ideas, así en plural Dios mediante) que lo diferenciaría de los demás, de la competencia, que en su caso, era una multitud, una marea de gente que buscaba ser lo mismo que él y gastaba años de su vida tratando de serlo.

Tenia que ver, ver y ver como nunca antes; cine, video, cable, televisión abierta, cine club, no importaba como, eran todos medios para el mismo fin. Hitchcock, Hawks, Godard; no se olvidó de la comedia, genero por lo usual algo bastardeado, Capra, Wilder (los dos). No todas le gustaron y eso originó un problema: ¿estaba bien o mal que no le hubieran gustado? Después de todo eran obras maestras y todo el que las veía opinaba de esa manera. ¿Quién era él para decir que lo que estaba viendo no era cautivante, que no era entretenido, llamativo o novedoso? ¿Qué clase de idiota pensarían que era? (y eso que no había llegado todavía al cine difícil. Pero eso lo veremos más adelante)

NO, señor. El problema no eran las películas; era él. El tenía el problema. Una persona que verdaderamente amara el cine no pensaría lo que él pensaba de esas películas. “¿Acaso toda la gente, gente importante, te las recomendó para joderte? Por supuesto que no! Tal vez quieras replantearte esto que estas haciendo y ponerte a estudiar no sé, ingeniería, abogacía, aunque teniendo en cuenta tu capacidad mental, "Corte y confección" sería una buena idea. Digo, después de todo si no podes encontrar la manera de entender esas películas...”.

¡No! ¡De ninguna manera! Esto era lo que quería. ¡Esto! "Callate, Infeliz", pensó.

No estaba acostumbrado. Era tan sólo eso. Se le ocurrió que todos esos clásicos habían sido imitados hasta el cansancio; y como el primero había visto esas copias, pues bueno, lo original le parecía viejo y retrógrado por esa razón.

Mientras, siguió uno de los consejos que le habían dado (y que gracias a Dios no se contradecía con otros que había recibido, algo que para su sorpresa y frustración, se había repetido bastante).

Trataba de no forzar ideas; le dijeron que dejara que las ideas, lo que quisiera contar, viniera sólo, que se les aparecieran, que las dejara nacer, en los sueños o como y donde sea. Eso lo creyó. Estaba convencido de que las ideas se encontraban en todas partes, hasta inscriptas debajo de una taza de café, ¿por que no?

Ya habría tiempo de sentarse a pensar. Ahora debía investigar. Si, eso era exactamente lo que era. Investigación. Trabajo de campo. Pasó de la nouvelle vague al cine americano setentista. El cine asiático lo esperaba completo. Desafortunadamente, el infeliz estaba bastante escondido, haciéndose rogar pero no desesperó y le dedicó su buen tiempo a encontrarlo.

Los video clubes especializados, los programadores de cine clubes y de encuentros temáticos aprendieron a querer a ese querubín inquieto que pedía más y más; y ellos se mostraban más que complacidos de poder proveerle su droga favorita. No era tanto lo que resultaba imposible de obtener, después de todo, para algo se invento Internet, ¿verdad? Dicho sea de paso, bajar películas de Internet es ilegal y esta muy mal hacerlo y jamás lo haría y quiero dejarlo bien en claro ya que nunca se sabe quien podría llegar a estar leyendo esto.

El tiempo y el dinero se le escurrían entre los dedos como granos de arena; las voces de alerta entre su entorno no se hicieron esperar, especialmente las de su grupo familiar que contemplaban tal vez no con desespe ... bueno, sí, con DESESPERACIÓN (así, con mayúsculas) como ese "hermoso ejemplar de varón" - según palabras textuales de su madre- dejaba que la vida le pasara por delante sin que él se amoscara siquiera.

Pero él, como toda persona que se sale de las vías dos segundos antes de que pase el tren porque piensa que va a ser lo más importante y determinante de su vida, desechaba todo comentario o consejo que lo desviara siquiera un centímetro de su plan, de su hoja de ruta.

Tenía muchos maestros y le hacían falta muchos más; madre tenía una sola y ya era suficiente, muchas gracias.

No escuchó las voces disuasorias. Pero si atesoró las palabras publicadas en una revista de una escuela de cine. Palabras de un director argentino quien dirigió su primera película a la tierna edad de cincuenta años. Este buen hombre decía algo así como que uno tiene que ver más de mil películas en su vida, leer muchos libros, saber de arte, pintura, arquitectura, entender de escultura e historia antes de salir a escribir y filmar.

Cerró la revista y la dejó sobre el escritorio de su padre. Estaba sentado en una silla con respaldo ergonómico y reclinable. Esto no significa nada, tan sólo quería que lo supieran.

Se recostó sobre el respaldo, elevó la vista al techo y buscó inspiración en la mancha de humedad que se extendía sobre el cielo raso.

Al cabo de quince minutos, había llegado a una conclusión.

- Mierda.

Dijo.

Más trabajo todavía. Más que estudiar, que conocer, alimentarse de más (además de todo lo que le faltaba conocer del mundo del cine). “Escuchame, flaco. ¿Estas seguro que todo este despelote a la larga valdrá la pena?, se preguntó por primera vez en todo el recorrido. La respuesta llegó rápido: sí, pero "a la larga".

Mientras, gente menos talentosa que él - menos talentosa, eso era lo que suponía, pensaba, se decía y repetía- se dedicaba a escribir y escribir como si sufrieran de diarrea creativa cada vez que se sentaban frente a la computadora, hoja de papel o lo que fuera.

¿Por qué podían ellos y él no? ¿Acaso habían vivido más que él? ¿Mejor que él? ¿Ya habían comprendido el porqué de las cosas, y estaban de vuelta de todo?

¿Sobre qué podrían escribir y filmar que fuera tan original y personal? ¿O se limitaban a escribir y/o filmar sus preguntas sin reparar en las posibles respuestas? ¿Debería estar haciendo él lo mismo?

Un minuto (¿que digo? ¡Un segundo!) se necesitaba tan solo para destruir la esperanza que había en él y el esfuerzo que había hecho. Llegó a la conclusión que no le importaba lo que los demás hacían, no señor.

Su idea sería verdaderamente original. Conocería todo lo que había sido escrito, todo lo que había sido filmado; y al poseer conocimientos de otras "áreas" que sus "competidores" no tenían, lo que fuera que él hiciera sería mejor de lo que todos ellos pudieran hacer juntos. i Por supuesto! ¡MEJOR QUE TODOS! ¡Cantaría todos los nombres de aquellos que no creyeron en él, que lo miraron con extrañeza, como preguntándose porque esa persona echaba su vida a la basura!

¿A la basura? Imbéciles, ¿estoy haciendo la diferencia!

i Eso de lo que todos ustedes se llenan la boca hablando yo lo estoy consiguiendo!

Él debía demostrar que era digno. “Sí, lo soy. Ya lo van a ver”.

Por alguna razón eso le pareció un poquitín gracioso. Una risa entrecortada y nerviosa se le escapó por entre los dientes. Se serenó y volvió a lo suyo.

Le llevó su tiempo por supuesto. Estudió todo lo que pudo sobre psicología, la freudiana, conductista, y demás yerbas. Bueno, no había captado todo; pero más de lo que sabían muchos licenciados él lo había adquirido de autodidacta nomás. Esto, la psicología, pensó, le sería enormemente útil a la hora de construir personajes, sus motivaciones y accionares; estudió lo que pudo sobre arte, sobre la literatura, visitó museos y, claro, estudió la historia. ¿Cuántas historias maravillosas eran biopics? ¿Cuántas películas pasaron a la posteridad por descubrir pedazos de historia perdidos o relegados? ¡No podía dejar pasar nada!

Los que sí pasaron fueron los años.

Fue mucho el esfuerzo.

Pero un día se despertó a la mañana.

Y decidió que había llegado el momento.

Se encerró en el estudio de su padre. Necesitaba ese espacio porque no tenía una vivienda propia. No tenía vivienda propia porque no tenía plata para una, no tenía plata porque no tenía trabajo y no tenía trabajo simplemente porque no había tenido el tiempo para tener uno. Con todo lo que venía haciendo como si encima pudiese darse el lujo de perder tiempo en un trabajo cualquiera.

No señor.

Pero ya nada de eso importaba.

Tenía la computadora encendida sobre el escritorio. A su izquierda, un cuaderno anotador en blanco y una lapicera azul junto al cuaderno.

Era todo lo que necesitaba. Lo demás tenía que ponerlo él. Tenía que salir de él.

Empecemos.

…..

…..

…..

…..

….

Nada.

“Voy a reunir las revistas de cine que fui juntando. Tal vez mechando un poco de acá y un poco de allá…Tarantino dijo que los grandes maestros roban, no pierden el tiempo haciendo homenajes. Y si èl roba no veo porque un don nadie como yo no podría hacerlo.

¿No?

Bueno, bueno. Sigo pensando entonces”

Segundos. Minutos. Una hora

Todo eso fue pasando. Pero La Idea (así, con mayúsculas) no llegaba.

“Pero estoy preparado. Es tanto lo que sé. Tengo que ponerlo en práctica. Bueno, a ver. Vayamos por partes.

Un género.

Lo ideal sería mezclar géneros, que la historia tuviera un poco de todo.

Además, lo que debería hacer es tomar una experiencia personal, una inquietud, un miedo, tristeza o alegría y darle un tono y entorno cinematográfico”.

Una vez hubo una gotera en su habitación. Recordaba como el plip, plip se repetía hasta el infinito, hasta que todo lo que existía era ese sonido y el miedo a que se derrumbara el techo. Entonces pensó que podría escribir la historia de un edificio que sufría el mismo problema de goteras. Esta gotera se iría expandiendo, hasta cubrirlo y pudrirlo todo. Esto hablaría a su vez acerca de la desintegración de la estructura de la sociedad ya que eso es lo que representa un bloque de edificios, una estructura, que se va carcomiendo desde su interior por una simple gota de agua. Y también

"Alto, alto, alto".

En su interior sonó una voz de alarma; reprimiéndolo como si dijera "¿a quién querés engañar?".

"Ya hay películas así, mi amiguito. No me digas que no te acordás de The Hole, de Tsai Miang Ling. A esa le podrías sumar Dark Water, de Nakata (o Salles si lo preferís). ¿No era que la tuya iba a ser La Idea (así, con mayúsculas)?”

Maldita hija de…

Si. Tenía razón.

Siempre quiso quedarse sólo, sólo en el mundo con su vecina, Laura. Entonces, ¿cómo sobrevivirían los dos solos si los adultos desaparecieran? ¿Aprenderían sobre...?

"El último recreo, de Horacio Altuna. iAh! Y no nos olvidemos de La Laguna Azul. Hay que estar en las malas para robarle la trama a una película que protagoniza Brooke Shields".

INO ESTOY ROBANDO! j DEJAME EN PAZ!

Siguió pensando. Su cuaderno de cuarenta y ocho hojas en blanco pasó a tener cuarenta y cinco hojas (en blanco) y de cuarenta y cinco pasó en pocas horas a tener sólo treinta, y luego veinte (y de cuarenta y ocho hojas en total pasó a tener cuarenta y tres, ya que estaba tan amargado por la pobreza argumental de muchas de sus ideas que, en vez de tachar, directamente arrancaba la hoja y la quemaba, para cancelar así todo rastro de su existencia).

Pensó en un hombre de tan baja autoestima que se transformaba en algo muy inferio ...

"Kafka. Y la novela de la francesa esa, la de la mujer que se transforma en cerdo, ¿Cómo era? ¿Chanchadas? Algo así creo. Además de The Acid House y muchas otras".

Bueno, bueno. La Historia (así, con mayúscula). Revisemos la Historia.

Había leído sobre los soldados en Malvinas pese al final de la guerra no querían entregar su posición...

"¿Una historia de guerra? ¿No tuvimos ya demasiadas de esas?" Bueno, es que esta va a ser más conmovedora, humana e intimista. "¿Una historia de guerra conmovedora, humana e intimista? ¿No tuvimos ya demasiadas de esas?”.

Ah, con que te haces la difícil, hija de tu re…. Vayamos más atrás en el tiempo entonces.

Y lo hizo. Pero como se podrán imaginar a esta altura de la historia, todo lo que se cruzaba por su mente era rebatido por esa criatura inmisericorde que llevaba dentro.

Pasaron las horas. Pasaron los días. Apenas comía y su familia empezaba a preocuparse por el. Al final, media docena de cuadernos fueron escritos, tachados, devastados por su(s) lapicera(s).

A la tercera semana no aguantó más. Ya no había sentimientos en él; era una escritura mecánica y desesperada en la que vomitaba sobre la hoja todo lo que se le pasaba por la cabeza. TODO.

Con ideas inconexas y pensamientos tales como "tengo hambre" o "tengo que mear", él buscaba una manera de unirlas para ver si podía arrancar una historia de esas palabras. Después de todo, ¿quién escribió un libro enteramente dedicado al hambre o a las ganas de mear? i Esa era una idea original!

Empezó a escribirla pero dejó de dar sus frutos a la tercera página cuando se le acabaron todas las variaciones posibles de las palabras “orina” y “pene”.

El cansancio dio paso a la tristeza, la tristeza a la desesperación, la desesperación a la furia.... y con furia empezó a destruir todo lo que tenía al alcance de la mano.

Gritaba como un desesperado mientras partía lapiceras, bañándose en la tinta; despedazó los cuadernos e hizo papel maché con ellos; dio vuelta el escritorio y más. Cuando logró serenarse, cayó de rodillas al suelo y tras llorar desconsoladamente durante unos minutos, tuvo algo cercano a una epifanía, que lo golpeó con la fuerza de un mazazo. Algo así era, al parecer, importante. Se le ocurrió que sólo podía contar algo nuevo, original si vivía o sentía aquello que no hubiera sido vivido o sentido con anterioridad, porque la vida imita al arte y viceversa también, ¿cómo que no?

¿Era eso posible?

Todo lo que él había hecho, aprendido, o sufrido, no era nada que no se hubiera hecho, aprendido o sufrido antes por alguien más. Tal vez no se hubiera hecho de forma taaan obsesiva (tal vez) pero sin dudas no estaba inventando nada nuevo. ¿Qué lo sorprendía entonces? ¿Qué no hubiera una sola idea original en su cabeza?

Tal vez, no haya más ideas originales porque todo ya fue vivido/contado. Tal vez, y sólo tal vez, lo importante no es el cuento, sino cómo se lo cuenta. Le había llevado ocho años, tres meses, dos semanas y yo-que-se-cuántos días darse cuenta de eso. Ocho años haciendo cosas que no eran necesariamente necesarias (valga la redundancia).

"Bueno, el conocimiento siempre es necesario. Después de todo (ahhh,¿ ahora sos mi amiga?)

no fue una vida tirada a la basura ... ".

Ocho años. Y recién ahora tendría que empezar a VIVIR (así, con mayúsculas).

Si tan sólo me hubiera dado cuenta antes...

Esa idea le causó un poquitín de gracia. Sus labios se doblaron en una mueca, en la que se adivinaba una sonrisa. A medida que lo pensaba más y más, la idea de haber tirado su vida a la basura y ahora tener que empezar todo de vuelta, le parecía más graciosa todavía. ¡Todo de vuelta!

Empezó a reírse, primero con timidez, luego con un poco más de fuerza hasta que una sonora carcajada inundó la habitación.

Lo más lindo de todo es que mamá tenía razón hace ocho años, tres meses, dos semanas y yo-que-se-cuantos días, cuando se mató de risa con mis planes.

Esa fue la gota que rebalsó el vaso. Empezó a desternillarse de risa, una carcajada histérica que parecía nunca acabar.

No importaba lo que sintiera, cuánto le ardieran los pulmones de tanto reír, ¡no podía parar porque le parecía una situación comiquísima!

Sus padres entraron a la habitación e intentaron calmarlo, pero no lo lograron porque a él le seguía resultando gracioso.

Médicos y especialistas psiquiátricos fueron de urgencia a verlo y trataron de calmarlo. No lo lograron porque a él le seguía resultando gracioso.

Nunca dejó de resultarle gracioso.