La Gitana Despertó con el corazón latiéndole apresuradamente, en un primer momento le costó ubicarse en el espacio físico que estaba ocupando.

Se levantó y se dirigió hacia el baño, tomaría una ducha y se prepararía para ir a trabajar.

La estaba preocupando ese sueño recurrente, esas carretas, carromatos, los colores que explotaban en su sueño, ¡era tan raro que soñara en colores!

Cuando salió de darse su baño se puso una bata y fue a prepararse un café. Mas tranquila trató de ordenar sus pensamientos, ella, Victoria Zilenko, psiquiatra, especializada en terapias regresivas, no podía preocuparse tanto por un tonto sueño, le preocupaba la recurrencia del mismo.

Hacía mas de un mes que venía soñando todas las noches.

Tenía su explicación, ¡quien mas que ella para saberlo!

Hacía justo un mes que había tomado la determinación de encerrar a su hija Stephanía de diecisiete años en un convento.

La niña se había enamorado de un musulmán y ella no permitiría que se arruinara la vida, confiaba que en un año, antes que cumpliera su mayoría de edad sentara cabeza.

Desde ese momento cada noche aparecía ese sueño en los momentos que se disponía a descansar, estaba segura que tenía que ver con lo que estaba pasando.

Se cambió y se dirigió a su consultorio ese día tenía dos pacientes complicados; una mujer de aproximadamente 45 años con un estado de histeria que asumía en ciertos momentos un estado de sonambulismo, y otra de 50 años con una sensación de ahogo que no era de tratamiento terapéutico y presumía que se trataba de alguna especie de neurosis ya que la misma comenzaba con dolor de cabeza y mareos que se traducían en una sensación de ahogo en el pecho que le daba la idea de estar cercana a la muerte, no se encontraba a gusto en ningún lado y se figuraba que alguien detrás de ella la iba a agarrar de repente; neurosis mezclada con ataques de pánico.

Cuando llegó Kimey , su primer paciente, le hizo la ficha y le pidió que se recostara en el diván, una vez lograda la hipnosis comenzó su tratamiento, intentó, como siempre, ir de a poco llevándola mas adelante en su propia vida, pero de repente escuchó asombrada lo que Kimey le decía:

-Soy la gitana Julia, ¿te acuerdas de mi?

¿Cómo podía ser –pensó Victoria- que hubiera saltado directamente hacia otra vida?

-Soy la gitana Julia, ¿es que no me recuerdas?

Victoria se dio cuenta que esa pregunta se refería a ella directamente.

-¿Por qué tendría que recordarte? –preguntó.

-Porque tú mataste a Barsali, tu propio hijo, para no dejarlo casar con mi Manclayi, y ella era pura, era una Bedori, pero era gitana, como yo, y no la quisiste.

Por primera vez en su vida Victoria se encontró en una situación en que el paciente la ligaba con su propia vida, decidió seguir preguntando un poco mas:

-¿Dónde te encuentras ahora?

-Aquí a tu lado, vengo a reclamarte por lo que no pagaste, siempre estuviste segura que habías obrado bien, pero Debel sabe que no te ganarás jamás el char por muchas vidas que vivas si sigues equivocándote.

Dentro de sus nervios Victoria no quería perder su profesionalismo, pero la situación la superaba, miró hacia el grabador para estar segura que funcionaba, cuando lo comprobó, decidió despertarla.

-Kimey, ahora contaré hasta diez en forma descendente y poco a poco irás despertando, diez, nueve, ocho... mientras iba contando escuchó la voz que se oía como lejana:

-Volveré, Julia volverá hasta que recuerdes a su Manclayi.

Cuando Kimey volvió a ser Kimey, Victoria le preguntó:

-¿Cómo te sientes?

-Perfectamente –dijo- ¿logramos algo?

-¿No te acuerdas nada de la sesión?

-No ¿debería?, es como si recién me hubiera acostado, lo único que recuerdo es que me dijo que me relajara.

-Bien, por hay lo dejamos acá, te espero la semana que viene.

La acompañó hasta la puerta y cuando la estaba despidiendo y recordándole que no dejara de concurrir a su próxima sesión, Kimey le dijo:

-Si no vengo yo, Julia seguro no faltará.

-¿Qué has dicho? –le preguntó Victoria.

-Que no faltaré porque me quiero curar –contestó.

Victoria no podía creer lo que estaba pasando, tomó la grabación y la guardó en su cartera, mas tarde la escucharía en su casa, ahora tendría que seguir trabajando.

Cuando terminó se dirigió a su casa, al llegar decidió llamar al convento, a ver como estaba su hija.

-Convento de la Santísima Trinidad, buenas tardes –contestaron del otro lado del tubo.

-Buenas tardes, soy Victoria Zilenko, quería saber como está mi hija.

-Ah, buenas tardes señora, un momentito que le paso con la madre superiora.

Después de un minuto que le pareció interminable se oyó la voz de la superiora que decía:

-Buenas tardes señora Zilenko, ¿cómo está usted?

-Muy bien madre, como siempre llamo para saber de mi hija.

-Mire –dijo la superiora- nos tiene un poco preocupadas, está muy triste, no sale de su cuarto y se niega a comer.

-Bien, ya se le pasará.

-Yo le sugeriría que pasara a verla.

-No creo que sea conveniente, es mejor que sienta la falta de la madre, así se dará cuenta de su error.

-Usted sabrá señora Zilenko.

-Créame madre, estoy segura que me asiste toda la razón.

-Como usted diga señora, buenas tardes.

-Buenas tardes, madre.

Cuando dejó el teléfono recordó las palabras de Kimey, o mas bien de la gitana Julia:

“siempre estuviste segura que habías obrado bien”

Victoria sintió un estremecimiento en todo el cuerpo ¿realmente estaría obrando bien? Por primera vez se lo preguntaba.

Tenía una sensación casi desconocida para ella: era miedo.

Fue hasta su cartera y tomó la grabación, volvió a escucharla y tembló, ¿qué venía a avisarle esa gitana que tuviera que ver con su vida actual?

Decidió llamar a su colega y amigo de toda la vida: César Christen, él la ayudaría.

Cuando habló con él, César le dijo que terminaría con sus pacientes, y si a ella no le molestaba recibirlo a la noche, iría para allá.

Ella aceptó y mientras lo esperaba escuchó mil veces la grabación que no llegaba a entender porque estaba mezclado con palabras desconocidas.

César llegó con la comida y se sentaron a cenar mientras conversaban de sus casos.

-Y bien –dijo César- ¿qué es lo que te acongoja tanto?

-Me ha pasado algo insólito, hoy atendí a una paciente que pasó a otra vida sin que yo la hubiera llevado, y no solo eso, me involucró a mi dentro de esa vida.

-Es muy raro, nunca ha sucedido, es casi imposible que se de la casualidad de otra vida en común entre paciente y terapeuta, es “casi” imposible, pero no del todo, escuchemos la grabación.

Después que César la escuchó, y sin salir de su asombro, le dijo:

-No me cabe ninguna duda que has vivido una vida anterior con ella y parece que te acusa de algo fatal que pasó hace tiempo, ¿cuándo tienes que atenderla nuevamente?

-En dos días.

-¿Quieres pasármela a mi y vemos que sucede?

-¿Me harías ese favor?

-Por supuesto, para que somos amigos, mientras tanto me llevaré la grabación y veremos que quieren decir esas palabras, evidentemente es idioma calé.

No César, tú tienes mucho trabajo y estás ayudándome, déjame la grabación y yo misma lo averiguaré.

-Como quieras -contestó.

César se fue y Victoria se decidió a tomarse un descanso, otra vez volvió a soñar lo mismo y se despertó con angustia, fue al baño a lavarse la cara y mientras se miraba al espejo se preguntó si esos carromatos con los cuales soñaba tendrían que ver con los musulmanes o con los gitanos, ahora tenía sus dudas.

Derivó su paciente a César, Kimey se negó al principio, pero ella la convenció diciéndole que necesitaba la opinión de un especialista.

Después de atenderla César volvió a la casa de Victoria con la grabación.

-Estoy muy asombrado –le dijo- la hice volver atrás en sus vidas hasta que llegué a la gitana, pero no pude sacarle nada, sin que yo la llevara saltaba sola a otras vidas, pero escuchemos la grabación.

César adelantó hasta donde les importaba escuchar y se oyó la voz de Kimey con un timbre masculino:

-Me llamo José, soy minero, no me gusta estar acá abajo, es peligroso, oscuro, húmedo.

-Muy bien –dijo la voz de César- vamos mas adelante a tu vida anterior.

-Soy negra, estoy escapando... escapando.

-¿Qué pasa? ¿por qué escapas? ¿quién te persigue?

-El Ku-Klux-Klan me persigue, todos con sus blancos sudarios y la cara cubierta, quieren lincharme, escapo... escapo.

-Muy bien, tranquila –dijo César- saldremos de allí y seguiremos hacia atrás, ¿quién eres?

-Soy gitana.

-¿Y cómo te llamas?

-Soy gitana.

-¿Qué buscas?

-Soy gitana.

-¿Qué haces?

-Soy gitana.

-Vamos mas atrás, solo un año mas atrás, ¿dónde estás ahora?

-Soy gitana.

-Cuéntame algo de tu vida como gitana.

-Soy gitana.

César paró la grabación.

-Después de esto la desperté, no pude hacerla salir de allí, estaba emocionada porque se acordaba de lo que me había contado, su vida como minero y como negra, pero de la gitana nada. Así que la despedí dándole un turno para que regrese a ti.

-¿Qué piensas de todo esto César?

-Si solo habla contigo creo que debemos buscar la solución por ese lado, no podemos dejarlo así, ¿buscaste las palabras que no comprendías?

-Mandé pedir un diccionario que estará al llegar, ya veremos.

No le quedaba otro remedio que ahondar en la vida pasada de Kimey para ver que quería realmente la gitana.

En la próxima sesión recibió a Kimey, la hizo recostar y comenzó con el proceso de hipnosis.

Sin decirle nada, ni siquiera guiarla en su búsqueda, inmediatamente Kimey le dijo:

-Soy la gitana Julia, ¿vas a escucharme?

-Si Julia –dijo Victoria- te escucho.

-Nos odiabas porque no éramos como tú, no creíamos en tu Dios, nosotros venerábamos a Obersshi, teníamos reputación de ladrones porque creíamos que todo lo que existía era para placer y deleite de la humanidad, así que todo lo disfrutábamos, pero no lastimábamos a nadie.

-Pero, ¿por qué dices que yo no los quería?

-¿No te acuerdas Angélica? Tú eras de familia rica, ¿cómo ibas a permitir que tu Barsali se enamorara de una gitana? Nosotros éramos para ti brujas y hechiceros.

-Sigue, sigue...

-Iban a casarse un día de luna llena pero tú te enteraste y encerraste a tu muchacho, mi Manclayi esperaba a tu Barsali al lado de su Bispapara que iba a entregarla, pero él nunca apareció, teníamos que marcharnos con nuestra caravana, pero fui a verte, en ese momento empezaba a brijindar, me apuré para llegar a tu casa y cuando ya estaba alcanzando la puerta vi a tu muchacho volar a través de la besni, murió instantáneamente.

Saliste desesperada y cuando me viste te acercaste a mi y me dijiste: “Está mejor así que al lado de ustedes, no lo crié para eso”

La lluvia nos empapaba y no pude distinguir si alguna lágrima mojaba tu rostro, o simplemente era el agua del cielo que lloraba mi Obersshi por una muerte tan injusta, yo si estaba segura que mi dolor y mi llanto se mezclaba con el agua sagrada.

Yo quería preguntarte si lo habías criado para que se matara, ninguna madre en el mundo, de ninguna creencia, de ninguna religión está preparada para eso, pero mi lapichen no me lo permitió, me di la vuelta y fui con mi familia.

Mi hija no pudo con todo el jali que había en su calochín y murió de tristeza.

Kimey lloraba desesperadamente y Verónica se sorprendió secándose las lágrimas de sus rostro.

Al verla tan desesperada decidió sacarla de ese trance y en un momento la volvió a la actualidad.

Kimey la miró y le dijo:

-Parece que estuvimos llorando.

-¿No recuerdas nada?

-Recuerdo que te explicaba algo, que te culpaba de algo, ¿qué pasó?

-Por el momento dejemos las cosas así, nos vemos en la próxima sesión.

-Esta bien, pero no cometas los mismos errores.

-¿Qué dijiste Kimey?

-Que está bien.

Victoria dejó las cosas allí, ¿qué clase de monstruo había sido en una vida anterior, sacrificar a su hijo con tal de ganar la partida y que se cumplan sus deseos? No podía dudar, ella trabajaba hace años con esto, creía en esto, ¿y si ese monstruo estaba haciendo renacer los vestigios que quedaban en su alma?

Volvió a su casa y se encontró el diccionario calé que le había llegado esa mañana, inmediatamente llamó a César.

Cuando el llegó escucharos las dos grabaciones y fueron traduciendo las palabras:

Barsali: Juan

anclayi: princesa.

Bedori: muchacha virgen

Debel: Dios

Char: cielo

Obersshi: sol

Bisparara: abuelo

Brijindar: llover

Besni: ventana

Lapichen: bondad

Jalí: amor

Calochín: corazón

Y así fueron armando la historia de la gitana Julia.

-¿Qué piensas? –le preguntó a César

-¿Qué piensas tú.?-

Tengo miedo de estar haciendo mal con Stephanía y que Dios me esté llamando la atención de esta manera.

-Victoria, la historia tiene que ser verdad, la muchacha no puede haberla inventado.

-¿Qué puedo hacer César?

-Tengo una idea, pero no quiero que te enojes.

-Jamás me enojaría contigo, vamos dime.

-Quiero que me permitas hipnotizar a Stephanía.

-¿Por qué Cesar, que buscas?

-No lo se pero son muchas coincidencias, creo que no perderemos nada, déjame probar.

-Esta bien ¿cuándo?

Mañana mismo.

Victoria probaría todo con tal de no volver a equivocarse de nuevo.

Si sus vidas anteriores habían sido un cúmulo de errores, si había caminado por la playa de loa guijarros, quería una playa de arena suave para transitar con su hija, que Dios le diera fuerzas para poder darle a Stephanía lo que cualquier madre anhela: la felicidad.

Al otro día Victoria fue en busca de Stephanía para llevarla a lo de César, le llamó la atención la palidez de su hija, estaba también demasiado delgada, le explico que quería que César la hipnotizara y le preguntó si estaba de acuerdo.

Stephanía le dijo que si, que todo le daba lo mismo y volvió a encerrarse en su mutismo.

Victoria la dejó en manos de César y se quedó esperando afuera.

Luego de un tiempo prudencial salió Stephanía con César, se notaba que había llorado, Victoria miró a su amigo que estaba muy pálido y le hizo señas que pasara, pidiéndole a Stephanía que esperara un rato afuera.

-¿Qué pasó César? –preguntó Victoria cuando estuvieron solos.

-Quiero que escuches esto y que pienses bien que vas a hacer.

Diciendo esto César puso la grabación, Victoria escuchó la voz de su hija fuerte y clara con un acento masculino:

-Me gustaba ver a las gitanas adivinando la suerte, cantando, bailando, afirmando que tenían permiso para vagar y pedir limosnas, los hombres que eran diestros en el manejo de metales, la alegría de algunos viejos gitanos que habían resistido tantos malos tratos, su canto a la vida, su amor por el contacto con la naturaleza.

Sus tiendas construidas con ramas de nogal largas y flexibles que cubrían con mantas y lienzos para vivir.

Yo amaba a Manclayi, amaba su vida errante, sus carromatos con tantos colores, su falda larga, sus blusas, la pañoleta que usaba en la cabeza.

Quería vestirme como esos hombres, con sus camisas de colores y el pañuelo al cuello, viajar durante el verano y en el invierno radicarme en lugares cercanos a mi familia.

Pero no me dejaste mamá, no me dejaste (aquí Stephanía lloraba desesperadamente)

Era tan tuyo que tenía que hacer lo que tú querías, pero si yo me quedaba sin Manclayi tú te quedarías sin mi, te quedarías sin tu Juan.

Y aquí se escuchó el grito de desesperación de Stephanía- Juan:

“Me mataste, mamá, me mataste”

César paró la grabación, Victoria lloraba desesperada.

-¿Qué piensas hacer? –dijo César.

-César –dijo Victoria, secándose las lágrimas- tú y yo sabemos que es muy difícil volver a vivir una vida con tu hijo siendo nuevamente tu hijo, como te dije Dios me está llamando la atención y no voy a volver a equivocarme.

César sonrió y la acompañó hasta afuera para despedirla.

Victoria tomó del hombro a su hija y le dijo:

-Vamos a casa.

-¿No me llevas al convento?

-No, basta de convento, vamos a casa y quiero que me presentes a tu bendito musulmán.

Stephanía le brindó una sonrisa que le iluminó la cara y abrazó a su madre dándole las gracias.

Mientras hacían los preparativos para recibir al musulmán (que por cierto se llamaba Alí) y a su madre quien lo acompañaría, Victoria se sentía feliz porque su hija había renacido, era la Stephanía feliz de siempre.

Madre e hija estaban conversando animadamente en la sala mientras esperaban la llegada de los visitantes, cuando sonó el timbre.

Stephanía corrió a abrir y volvió con Alí del brazo.

Victoria entendió porque su hija se había enamorado de ese musulmán de ojos negros que la miraba con tanto amor.

-Buenas tardes señora, es un honor y un gusto para mi conocerla –dijo Alí con una reverencia.

-Buenas tardes Alí, gracias por venir y olvidar mi mala actuación anterior.

-Es perfectamente entendible señora.

-¿Y tu madre?

-Está al llegar, tenía que hacer un trámite.

En ese momento volvió a sonar el timbre, Stephanía fue a abrir.

Victoria estaba ansiosa por conocer a la mamá de Alí, no sabía porque pero presentía que se llevaría una sorpresa.

Y realmente fue enorme la sorpresa... porque quien entró del brazo de su hija era Kimey... ¡la gitana Julia!