Una tarde, en sus escritos la mató ya que la consideraba inalcanzable y él ya no podía vivir con la ilusión de conocer a lo inexistente.
Esa noche, el hada bañada en sangre, entró a una tina de agua y se limpió y luego le volvió a declarar su amor incondicional.
Era inmortal, cosa que Enrique no sabía. Cuando despertó se dirigió a su computadora y le escribió una carta donde le decía que lo dejara en paz ya que nunca iban a poder conectarse.
Cuando él se durmió, el hada le dijo que el mundo de los sueños de Enrique era su hogar, ella estaba atrapada porque había sido creada por él, inmortal.
Por la mañana, ante su sorpresa ella estaba al lado de él, como en un sueño profundo. El intentó tocarla pero no podía, la traspasaba con su mano. Creyó que estaba loco y trató de despertarla por todos los medios, pero no pudo.
Ella se quedó todo el día en la cama y el la observaba, hermosa y plácida. Enrique pensó que tenía una alucinación o que el mundo de su inconsciente se estaba haciendo consciente. ¿Pero cómo haría para darle vida?
Escribió palabras sueltas como “hada vive” , “hada en carne y hueso” y por la noche se acostó junto a ella y cuando entró en sueños ella se aproximó a su cuerpo y le hizo el amor.
Cuando despertó, el hada lo observaba desde el sillón. El quiso abrazarla pero no pudo, era como una proyección. Trató de hablarle pero ella no pronunciaba ninguna palabra.
Dentro de su amor imposible se le ocurrió vestirla en un cuento, darle la profesión de artista plástica y un nombre: Yael.
A la noche siguiente, el hada pintó sus paredes de ojos con lágrimas. Durante la mañana ella había desaparecido y Enrique, desesperado, redacto la descripción de Yael y le puso un corazón. Al rato recibe un paquete sin remitente. Lo abre y en él se hallaba una pintura de Yael, vestida con un lienzo y su rostro expresaba una sonrisa.
Enrique comenzó a tener insomnio y ya no podía encontrarse con ella hasta que un día, leyendo el diario, ve una foto de una mujer desaparecida hacía unos meses: era Yael. Cuando logró dormirse el hada se le apareció y le dijo que un asesino le había sacado el corazón, pero que él se lo había devuelto y que en un tiempo lejano se encontrarían, en otro plano, donde estarían juntos para siempre.
Enrique, que no quiso esperar, tomó un frasco de pastillas y lentamente se fue. En la habitación yacían los dos en la cama, desnudos, cuando fueron encontrados por el vecino de Enrique que tenía las llaves del departamento. Estaban intactos... y muertos.