Código Cero La historia que intento narrar no es producto de mi fantasía, por mucho que ustedes podéis pensar que es así. Los hechos relatados, aunque no los he vivido, os puedo asegurar que son totalmente ciertos, pues confío completamente en esa persona, a pesar del tiempo transcurrido sin obtener noticias suyas.

Esa persona, la cual mantengo en el anonimato (dentro de un momento sabréis por qué), me ayudó en incontables veces y me sacó de más de un apuro.

En el instituto nos ayudábamos en las diferentes materias. Él no destacaba en las ciencias aunque sí tenía buena memoria y muy buenas calificaciones en lengua, historia, literatura, sociales e incluso idiomas. Lo cual me sorprendió, cuando me enteré que había estudiado económicas en la facultad. Yo esperaba algo más como geografía, arte e incluso filología.

A partir de ahí le perdí la pista. Supongo que nos hicimos adultos y cada uno eligió el camino que más le gustó, o quiero pensar que eso fue así. Lo cierto es que hace unas semanas me lo encontré de camino a la panadería. Había vuelto para hacer una visita a sus padres. Pues bien, nos dio alegría encontrarnos, y quedamos en la taberna irlandesa del barrio.

Yo en todo ese tiempo había oído algo, chanchullos, rumores sobre donde estaba, que había hecho. Algunas cosas algo mal vistas, incluso criminales. Tras echar algunas risas, recordando tiempos pasados, su rostro cambió.

Frente a una heineken me preguntó si yo dudaría de él.

-Claro que no -le contesté yo. La verdad me importaba poco la opinión de esos cotilleos. Yo guardaba buenos recuerdos con él. Quería que ese día fuera como los anteriores.

-Yo he sido siempre un trabajador. Mis padres me educaron para que consiguiera ganarme la vida por medio de mi esfuerzo. Estudiando primero y obteniendo empleo después.

-Claro, claro -nadie pone en duda eso -dije, lo notaba algo nervioso, con ganas de justificarse-. Y menos yo que aprobé muchos cuestionarios gracias a lo que tú me chivabas -así acabé, intentando volver a la animosidad anterior.

Para vuestra información os digo que no volvimos a reírnos. Pero no os alarméis, esto no es una historia de drama y sentimentalismo, donde las penas suceden como algo cotidiano. Tampoco es un relato de terror, ni de fantasmas caducos, imitando al Sexto sentido o al Orfanato. Digamos que esto podría haber sucedido más concretamente en el futuro. No demasiado lejos, digamos tan solo cincuenta años. Donde las carreteras, autopistas, carriles y autovías, comarcales y nacionales, siguen marcando nuestras vidas a pesar de que las verdaderas infraestructuras de la información paseen a través de megabites de memoria. Hablo de un futuro donde el petróleo ha dejado de existir, bueno existe pero no es rentable su extracción, por su escasez, por el desarrollo de los países más desfavorecidos. Lo que sea, por un lado es bueno ver como los automóviles se mueven gracias a la electricidad y el hidrógeno, pero por otro esos especuladores que nunca dejan de darle ala sesera, ven una veta de ingresos en las arterias que unen nuestras poblaciones, debido a la liberación que piensan realizar nuestros políticos en sus respectivos países. Pero no os quiero aburrir con divagaciones banales sobre lo que oiréis más tarde, y además, aún no se debe tocar ese tema, pues mi amigo tampoco lo ha mencionado.

Él comenta que después de sus estudios en económicas entró en una importante financiera de la City londinense, llamada Society Glorious and Victories. Trabajó como Broker comprando y vendiendo empresas. Le envolvió un aura de presión y ansiedad por incrementar sus ventas, para conseguir una imagen perfecta de joven triunfador movida por su ambición, donde todo desembocó en una jornada de trabajo con perdidas que ascendían a la nada desdeñable cifras de cinco mil cuatrocientos millones de libras, y como creo que el horario laboral y las reivindicaciones sindicales de un Broker no se ajustan a las de los comunes trabajadores, dic por hecho que tuvo serios problemas.

Por supuesto le pregunté si se había quedado con algo. Pensaba que podía ser inmensamente rico.

-El dinero lo perdí casi por completo, y lo que retuve no me dio tiempo a blanquearlo. Se los entregué a unos ocupas. Pues me pareció que eran las personas más discretas que conocía –dijo-.Los cuales desaparecieron a los pocos días. Espero que para bien.

Había estado en la cárcel y gracias a un trato que hizo con la fiscalía lo absorbieron, con la condición de renunciar, por escrito, a trabajos financieros. Es una especie de delincuente monetario fichado por todas las firmas y compañías del planeta, dentro de unos archivos globales.

-Pero no quiero ahondar en aquello. Te llamo sobre todo para preguntarte si te acuerdas de Yoli –me comentó.

-¿Yoli? –pregunté.

-Si, Yolanda. La llamábamos la Yudid. Por las ayuditas…

-… que nos proporcionaba a todos –terminé la frase divertido-. Casi todo eran habladurías. Yo nunca hice nada con ella.

-Ya, pues yo sí. Pero no quiero entrar tampoco en detalles. Lo importante es que estando en Londres me la encontré. Iba de la mano de una niña pequeña –afirmó-. Y lo vi. todo claro. Era el típico velo que te quitan de los ojos, el escalofrío en la espalda, lo que sea. No me preguntes cómo, pero aquella niña era mi hija. No sé si fue su forma de mirarme. Las evasivas de Yoli.

-Espera, espera. ¿Qué quieres decirme? –pregunté.

-Que quiero que las encuentres. La madre no me importa. Solo fue el rollo de una noche. Pero aquella niña es mi hija. Soy sincero contigo. Siempre nos hemos llevado bien. Necesito tu ayuda. Mi trabajo actual (y ahora viene lo bueno, os lo juro) no es lo que se dice una bendición, y no sé cuanto podré continuar eludiendo la ley.

-Jo, Jo, Jo. ¿Eludiendo la ley? Joder, donde te estas metiendo –exclamé asustado-. Todo esto me supera –yo lo recordaba como compañero de copas y juergas. Nos habíamos metido en líos y peleas, pero nunca habíamos tenido, ni hablado de pensamientos complicados.

Le di un trago al botellín y le pedí que continuara.

La historia de ahora es pura ciencia ficción, si no fuera por lo sonrojado y sudoroso que se encontraba mi colega al contármela.

Tenía los ojos vidriosos, y no era de la cerveza. La cara y las manos aceitosas. Donde todo indicaba que lo que me narraba lo colocaba en una situación comprometida.

-Te acuerdas de los años donde los autos iban con gasoil y las infraestructuras pertenecían al gobierno. ¿Verdad?

-Si.

-Pues no solo han existido esos cambios. Existen otros más profundos y más sutiles. Desde que las grandes empresas invirtieron en las acciones sobre comunicaciones mercantiles solo has buscado beneficios. Y lo han encontrado en las infracciones por velocidad y los peajes en los trayectos pavimentados. Esto no es nuevo pero lo que sí lo es. Es toda la gente que trabaja para saltarse todas esas limitaciones.

“Yo trabajo para ellos. Bueno, para una facción de ellos. No son grupos organizados, sino que cada uno defiende sus intereses como mejor puede. Existen verdaderos sindicatos que miran por los transportistas y camioneros, con actos poco ortodoxos. Son los trabajos más honrados y justos a los que uno se puede unir en esta empresa, pero no por ello menos peligroso, y además están muy mal remunerados. Existen, también bandas de motoristas y todoterrenos al estilo de Mad Max, pero los pobres tienen una vida muy corta, aunque sus autos consiguen un estilo peculiar por la forma de tunearlos. Son los que más llaman la atención. Por supuesto están los contrabandistas que trasladan desde sustancias estupefacientes, hasta mano de obra barata, y entretenimiento sexual garantizado. Y esto sí está bien remunerado. Y todos sobornan, eluden, destruyen la maquinaria del asfalto.

Pero centrémonos en mis labores. Yo trabajo para ricos magnates, los cuales para exhibir sus fantásticos bólidos, no tienen otra cosa mejor que hacer que carreras clandestinas. Creo que las conoces, algunos corredores salieron en los periódicos. Como Adrien Brody, un actor que estuvo hace años saliendo con Elsa Pataky, y otro era Jamiroquai, un cantante pop, el cual coleccionaba coches deportivos, y cuyo nombre verdadero era Jay Kay. Pues ellos solo fueron los pioneros. Esto no es muy sorprendente, pero ten paciencia. Además ten en cuenta que al no existir gasolina, los coches tienen que tener suministros propios y constantes de carburante, como en las carreras de formula uno. Los autos diesel están prohibidos pero si nadie los encuentra quién dice que existan. Si un árbol se cae en el bosque y nadie lo escucha. ¿Hace ruido? Yo me encargo que esas carreras se lleven a cabo sin contratiempos. Y ahora estamos llegando al quid de la cuestión. Y sabrás por qué te cuento todo esto. No te desesperes.

Mi equipo repara los autos y se encarga de cubrir con alquitrán, baches y hoyos. Incluso reconstruimos tramos enteros de carreteras a altas horas de la madrugada. Seguros que nos has encontrado por la noche alguna vez. Te sorprendería lo fácil que es trabajar en el exterior con una buena falsificación de la acreditación autorizada. Otra facción de nosotros de encarga de obtener el combustible en el mercado de contrabandistas. Nosotros triangulamos las rutas libres por donde la guardia civil no aparece en ese tiempo, por medio de la frecuencia apropiada. También conectamos con el instituto meteorológico, para conocer la temperatura, humedad, visibilidad…etc. Somos muy meticulosos, auténticos profesionales, porque nuestro sueldo nos lo exige. Si todo sale bien nadie sabe, ni llega a conocer nada de nuestras actividades. Utilizamos helicópteros e imágenes por satélites a tiempo real para garantizar la seguridad y la discreción de todos. Nadie se inmiscuye en nuestro trabajo. Podemos cortarle el paso casi a cualquiera en unas cuantas centésimas de segundo, y con un poco de suerte esa persona solo creerá que se le ha hecho un simple control de alcoholemia. Me he estudiado y memorizado todos los por menores del oficio, igual que lo hice en la universidad para entrar en la bolsa. Solo cambian las premisas pero el procedimiento es el mismo. Todo concluye, por desgracia, en los mismos y nefastos acondicionamientos de uno. Los míos son la ambición y el subestimar a mi oponente. Por eso ahora, el gobierno me sigue los pasos.

El otro día me encontraba me encontraba acabando algunos retoques para una competición que se desarrollaría unas horas más tarde. Dejamos sobre todo hacia el final la inutilización de los radares fijos, porque es lo primero que detectan sus sensores, y lo que más rápido vienen a reparar. Y al contrario que piensa mucha gente, para acabar con un radar fijo no se necesita más que unas cuantas gomas de mascar algo ensalivadas y colocadas en las lentes circulares del depósito terrestre.

Pues bien en esta tarea me encontraba, cuando acabé de colocar el último chicle en el último sensor, y me monté en mi Seat Panda Pro, es el que utilizo en estos casos, llama menos la atención. Así salí a la circunvalación nacional. No había mucho tráfico y estaba oscureciendo. Me relajé después de una dura jornada. Puse música y encendí el climatizador.

Algunos segundos pasaron cuando me adelantó otro Seat Panda Pro, me llamó la atención porque coincidía en el color y en las llantas al mío, las cuales me habían costado bastante caras.

En eso estaba cuando me adelanta un auto igual. Y eso sí que era coincidencia. El coche lo había personificado a mi gusto y además era el único con esas características que había visto nunca. Es decir, la probabilidad de coincidir con dos más era excesivamente remota.

Empecé a fantasear, mientras sonaba Amy Winehouse, esta cantante soul de principios de siglo. No solo famosa como artista, sino también por su curiosidad en componentes de fácil evasión pragmática. Mi fantasía se centraba sobre el conductor de cualquiera de los dos vehículos y su parecido conmigo. Incluso en un razonamiento algo paranoico, imaginé que aquella persona quizás fuera yo y yo no seria más que sus pensamientos. Para que lo entiendas. El tema iba algo así como la poesía de Juan Ramón Jiménez y Lorca, que estudiábamos en el colegio. Estaba sumergido en este razonamiento algo esquizofrénico, cuando vuelve a pasar otro Panda, del mismo color, las mismas llantas y,… ¡Hostias! ¡La misma matrícula!

Me pareció ver la misma matrícula que el mío. El auto se encontraba a algo de distancia. Aceleré para resolver aquella incógnita. Los pensamientos paranoicos vencían sobre los lógicos, y o yo no lo había visto bien, que era lo más probable. Y lo que por todos los medios deseaba. O aquí alguien me estaba jodiendo de una forma muy sutil. No quería prolongar más mis dudas. Debía acercarme todo lo posible.

Después de pasar un trayecto donde podía distinguirlo a la distancia, tras una curva me encontré con una fila de autos casi parados y con las luces de emergencias parpadeando. Debido a mi velocidad tuve que frenar a fondo.

Y todo hizo un ruido chirriante y estrepitoso en la extraña quietud de la noche, y en la inmovilidad del ambiente. Era como ser la cena principal, y anunciarlo a bombo y platillo.

Ya no veía la imitación de mi coche. La fila de autos se prolongaba hasta donde llegaba la mirada. Al cabo de un rato el auto de atrás me hizo señales, centelleando las luces largas. Y cuando miré por el espejo retrovisor, había un Seat Panda Pro idéntico al mío lleno de personas que eran yo mismo. Todo un auto a rebosar de mi mismo. Dios aquello era insoportable. Aún así no dejé que se apoderase el pánico de mi, más por la sorpresa de irrealidad que estaba viviendo, que por una conducta cognitiva y racional.

Encendí el comunicador para pedir ayuda a los míos, pero solo recibía ruido. Creo que estaban utilizando algún tipo de bloqueo magnético para impedir las transmisiones en ondas de radio.

La caravana iba a paso de tortuga y del coche de atrás empezaron a salir todos. Avanzando en mi dirección. No esperé a saber lo que querían, pues abrí la puerta de mi auto y eché a correr campo a través. No paré hasta llegar a una pequeña población. Empapado en sudor subí a un comercial exprés, que me dejó aquí.

De esto hace tres días. Vivo con una vieja amiga en un pequeño loft. A la casa de mi familia han llegado diferentes individuos institucionales, funcionarios de hacienda… etc, preguntando por mi. No puedo contactar con mi gente del trabajo. Y ayer recibí un mensaje al móvil. Me había tocado mil euros al mes durante un año. Tenía que llamar a este número de teléfono para recoger el premio (me enseñó la pantalla del celular). Lo mantengo casi siempre apagado. No sé que clase de tecnología están utilizando pero me siguen los pasos. Me están acorralando, y han tomado la decisión de no dejarme escapar.

Por eso quiero que encuentres a Yoli. Necesito saber si su hija también es mía. Necesito conocer si dejaré algo de mí aquí. Si todo lo que he hecho tendrá algún tipo de continuidad. Si de algún modo he contribuido en algo, me gustaría saberlo. Tienes que ayudarme.

No diré que lo que hubo entre ella y yo fue amor. Más bien la lujuria adolescente de las hormonas desenfrenadas. Aun hoy no siento nada importante por Yoli. Pero todo me insta a averiguar si su hija es mía también. Quizás sea la única forma de redimirme. La única forma de salir adelante. Del agujero donde me he metido y donde ya no creo poder salir.

La forma de gobierno, las drogas, la televisión, la publicidad que nos bombardea, el salario por un empleo hipotecado por bienes e inmuebles. Preocupaciones, preocupaciones. Que no son más que un método de distracción. Es sencillo saber que todo es para lograr una prosperidad sobre los demás, sobre las demás personas, las demás comunidades, las demás naciones. Y al final solo es la pérdida de libertad sin que nos demos cuenta. Antes era la religión y ahora es la religión, los partidos de fútbol, la política y eurovisión. ¿Por qué no hay revoluciones? Porque no la necesitamos. Tenemos una buena cervecita entre las manos mientras miramos la nueva moto aparcada en frente. Solo hemos evolucionado como pueblo para ser más eficientes. Para que ejerzan un control más exhaustivo sobre nuestra persona.

Y tener hijos es quizás un engranaje más en toda la historia. Pero quizás no. Quizás sea la oportunidad de preservar nuestra libertad perdida. Tener la ilusión de que ellos enmienden el camino donde nosotros nos hemos torcido.

Necesito saber de quién es hija. Mía o de quién. Necesito tu ayuda. Puede que sea la única ayuda que nunca he necesitado. ¿Me la darás, verdad?”.

-Verdad. Te la daré –dije yo-. No te preocupes por eso. Preocúpate en salir del hoyo.

En pocos días sabía la respuesta. Gracias a que mi madre conocía a la madre de Yoli. Pude encontrarla. Se acordaba de mí y se acordaba de él. Hablé con ella en una plazoleta. Y cuando le pregunté sobre el tema. Me respondió que no lo sabía. No sabía el padre de la pequeña. Pero a ella no le importaba. Era hija suya nada más. Para ella no era hija de ningún hombre. Me dijo que lo sentía. Y que le dijera lo que quisiera a mi amigo. Ahora tenía una hija y lo que menos le interesaba era que le molestasen los hombres.

A mi amigo le dije que sí era hija suya. Al poco tiempo ya había desaparecido. Y pronto no seria más que un recuerdo. Pero no olvidéis esto. Él solo era un trabajador, un currante. Si no podía trabajar para unos, tenía que trabajar para otros. Y como todos dicen, nadie se hace rico trabajando.